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 No se olvide de cuidarme...

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Hno. Huerta
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MensajeTema: No se olvide de cuidarme...   Mar Mar 17, 2009 10:25 am

Amados hermanos. Les comparto un capítulo del libro de "En manos de la Gracia" de Max Lucado, libro que recomiendo, que en realidad muestra en gran manera la característica que Dios tuvo para con nosotros.... Su Gracia.... Espero les sirva en gran manera. Smile Más que bendecidos.

«No se olvide de cuidarme»




—¡Qué bueno! Me alegro de que se siente junto a mí. Algunas veces vomito.
No es exactamente lo que te gustaría oír del pasajero del avión sentado junto a ti. Antes que tuviera tiempo de colocar mi maleta en el compartimiento superior, sabía su nombre, edad e itinerario. —Me llamó Billy Jack, tengo catorce años y voy a visitar a mi papá.
Empecé a decirle mi nombre, pero él habló primero.
—Necesito que alguien me cuide. Estoy muy confundido.
Me contó sobre la escuela especial a la que asistía y las medicinas que tomaba.
—¿Puede usted recordarme tomar mis pastillas después de pocos minutos?
Antes que podamos abrocharnos los cinturones de seguridad, había detenido a la azafata.
—No se olvide de mí —le dijo —Me confundo fácil.
Una vez en el aire, Billy Jack ordenó una gaseosa y mojó sus rosquillas en la bebida. Continuaba mirándome de reojo mientras yo bebía una gaseosa y me preguntó si podía tomarse lo que dejara. Volcó un poco de su bebida y pidió disculpas.
—No te preocupes —le dije, limpiando el líquido.
Billy Jack me mostró su grabadora y me preguntó si me gustaría oír alguna de sus cintas.
—Traje mis favoritas —dijo sonriendo, y me puso en la mano las pistas de sonidos de La Sirenita, Aladino y El Rey León.
Cuando empezó a entretenerse con su juego electrónico, traté de dormir. Allí fue cuando comenzó a hacer sonidos con su boca, imitando a una trompeta.
—Puedo imitar también al océano —fanfarroneó moviendo ruidosamente saliva por su boca.
(No sonaba como el océano, pero no se lo dije.)
Billy Jack era un niño en un cuerpo grande.
—¿Pueden las nubes golpear la tierra? —me preguntó. Empecé a contestarle, pero volvió a mirar por la ventana como si nunca lo hubiera preguntado. Sin avergonzarse de sus necesidades no dejaba que ninguna azafata pasara sin decirle: «No se olvide de cuidarme».
Cuando le trajeron la comida: «No se olvide de cuidarme».
Cuando le trajeron más bebidas: «No se olvide de cuidarme».
Cuando cualquier azafata pasaba, Billy Jack volvía a insistir: «No se olvide de cuidarme».
Francamente, no creo recordar ni una sola ocasión en que Billy Jack no le mencionara a la tripulación que necesitaba atención. El resto de nosotros nunca lo hizo. Nunca pedimos ayuda. Éramos gente mayor. De experiencia. Sabíamos valernos. Éramos viajeros avezados. La mayoría ni siquiera prestó atención a las instrucciones sobre qué hacer en caso de emergencias. (Billy Jack me pidió que se las explicara.)
A medio camino de escribir este libro, me acordé de Billy Jack. Hubiera entendido la idea de la gracia. Sabía lo que era ponerse totalmente al cuidado de otra persona. No le conté «La parábola del río» (todavía no la había escrito), pero sé cuál hermano le hubiera gustado.
El menor. El que permitió que su hermano mayor lo llevara río arriba. No hubiera entendido a los tres que rechazaron la oferta del primogénito. ¿Por qué no ponerse en las manos de alguien más fuerte?
¿Lo has hecho tú?
Muchos no. Somos experimentados, maduros. Romanos, epístola para desafiar al autosuficiente, se escribió para personas como nosotros. La confesión de la necesidad es admisión de debilidad, algo para lo que somos lentos. Es por eso que pienso que Jack hubiera entendido la gracia. Se me ocurrió que era la persona más segura en ese vuelo. Si el avión hubiese tenido problemas, él hubiera recibido la mejor ayuda. Las azafatas me hubieran echado a un lado y lo hubieran atendido directamente a él. ¿Por qué? Porque se había puesto al cuidado de alguien más fuerte.
De nuevo te pregunto: ¿Lo has hecho tú?
Una cosa es segura: No puedes salvarte a ti mismo. El río es demasiado caudaloso; la distancia demasiado grande. Dios ha enviado a su Primogénito para que te lleve a tu hogar. ¿Estás firme en las manos de su gracia? Oro para que lo estés. Fervientemente oro para que lo estés.
Antes de concluir este tiempo juntos, ¿pasarías algún tiempo con las siguientes preguntas? Que el Espíritu Santo las use para revelar cualquier resistencia que pudiera tener a la gracia de Dios.
¿Te das prisa para contarle a otros sobre las piedras que has apilado? ¿O prefieres jactarte de la fuerza de tu hermano mayor?
¿Vives temiendo no lograr nunca hacer lo suficiente? ¿O vives en gratitud, sabiendo que lo suficiente ya se ha hecho?
¿Tienes un círculo pequeño, aceptando solo a los pocos que obran como tú? ¿O tienes un círculo amplio, aceptando a todos los que aman a Aquel que amas?
¿Adoras para impresionar a Dios? ¿O adoras para agradar a Dios?
¿Haces buenas obras para ser salvo? ¿O haces buenas obras porque eres salvo?
¿Oras: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros»?1
¿O confiesas: «Dios, sé propicio a mí, pecador?»
***
Un último pensamiento. Billy Jack pasó la última hora del vuelo con su cabeza sobre mi hombro, con sus manos entre sus rodillas. Cuando finalmente pensé que se había quedado dormido, levantó la cabeza y dijo: «Mi papá va a recibirme en el aeropuerto. Casi no puedo esperar a verlo, porque él me cuida».
Pablo hubiera quedado encantado con Billy Jack.
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